la razón por la que la “Gospa” permanece aÚn con nosotros

Reflexión del Mensaje de la Santísima Virgen
María Reina de la Paz

Por el Rev. Padre Francisco Verar
(Asesor del Movimiento María Reina de la Paz en Hispanoamérica - Panamá)

Abril 2007

“Queridos hijos: También hoy los invito de nuevo a la conversión. ¡Abran sus corazones! Mientras estoy con ustedes, este es un tiempo de gracia; aprovéchenlo. Digan: “este es el tiempo para mi alma”. Yo estoy con ustedes y los amo con un amor inconmensurable. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”

 

 

Una vez más la Reina de la Paz nos invita a la conversión. Ningún hijo de la Virgen debe olvidar que la razón por la que la “Gospa” permanece aun con nosotros, es la conversión. La Virgen quiere que consideremos este llamado como el corazón de todos los demás mensajes; la razón de su venida a la tierra.

La conversión resume todas las llamadas de María en Medjugorie. Entonces reflexionemos una vez más este llamado.

Si damos una mirada al evangelio, la conversión también es el corazón de cuanto predicó Jesús. Sin embargo, muchos cristianos tienen otras prioridades. Y la prioridad para María —como para Jesús en el evangelio en cada uno de nosotros— es la conversión. La conversión es siempre un cambio de vida desde el reconocimiento del amor de Dios; un cambio de dirección. No se trata solamente de dejar el pecado, los vicios, de ir a la Iglesia… sino de poner a Dios en el centro del corazón y permitirle a Él que tome las decisiones en nuestra vida. No se trata tanto de poner todo en sus manos, sino de descubrir cada día que es lo que Él desea de nosotros. La persona que no le ha entregado toda su voluntad a Dios para que Él disponga de todo, debe reconocer que aun debe trabajar en la conversión. Y aunque le haya entregado el corazón, ello es obra de cada día y de cada momento de la jornada.

La conversión también es la vida en el Espíritu. A nuestro parecer los Apóstoles comenzaron a vivir la plenitud de la conversión sólo después de Pentecostés; cuando el Espíritu tomó plena posesión de sus almas. Jesús había dicho en una ocasión a Nicodemo: “lo que nace de la carne es carne y lo que nace del Espíritu es espíritu”. Quien toma la conversión seriamente, transforma todo lo que es “carne” en espíritu. Es lo que ocurrió en los Apóstoles en Pentecostés. Jesús comenzó a reinar en sus vidas sólo a partir de ese día. Si un cristiano no se abre hoy al Espíritu Santo, Jesús no puede reinar en Él.

La Virgen en el mensaje de este mes, al invitarnos a la conversión, no nos dice: “abandonen el pecado”, sino “abran sus corazones”. Entonces, para convertirse lo primero es: abrir el corazón al Espíritu Santo, porque la conversión es un don suyo. Lo más importante que debemos pedirle a Dios es el don de la conversión; antes que cualquiera cosa material, o la salud, trabajo, etc. Y el Espíritu Santo es quien realiza esa operación; como ocurrió en san Pablo camino a Damasco o a Cornelio después de escuchar predicar a Pedro. Entonces, hay que abrirse y hay que invocar al Espíritu Santo para que sea Él quien nos de la gracia de alejar para siempre todo lo que pueda ofender a Dios y nuestra dignidad de hijos suyos.

Entonces, la clave para renunciar al mal, alejarse del pecado es abrirse a Dios, a Su Espíritu. Sólo de esa manera Jesús podrá reinar en el corazón. Y esto muchos no lo hacen por miedo a sus intereses, otros por sus egoísmos, otros porque no creen como debieran en Dios y otros, por falta de evangelización. Sin embargo, la Virgen nos llama a responder a todos: creyentes y no creyentes.

La Virgen también nos hace tomar conciencia de la urgencia de esta invitación. Como si nos dijera: “No hay tiempo que perder”, “decídanse hoy mismo”. Porque en el mensaje de este mes, mes de la Pascua de su Hijo, dice: “Mientras estoy con ustedes, este es un tiempo de gracia; aprovéchenlo”. María espera que ningún hijo suyo deje para luego lo que puede hacer ya.

Quien sigue la espiritualidad de María en Medjugorie, sabe desde cuando la Madre se está apareciendo en Bosnia Herzegovina —país predominantemente musulmán. Pero nadie sabe —ni aun los videntes— por cuanto tiempo más continuará este vaso de gracia. Y el día de la última aparición podría estar lejos o podría estar cerca. ¡Nadie lo sabe! Sin embargo, debemos recordar que el próximo mes de junio, se cumplirán 26 años de encuentros diarios, de signos extraordinarios, de llamadas insistentes, etc. Todo ello hay que verlo como: “tiempo de gracia”, “tiempo de bendición”. Luego, hay que aprovecharlo; y la Virgen nos dice como: tomando su llamada a la conversión en serio.

La Virgen este mes, también nos regala una jaculatoria en función de nuestra conversión. Quiere que digamos durante este mes, como una oración “flecha” —con la debida disposición de apertura del corazón—: “este es el tiempo para mi alma”. Esa expresión va dirigida, en primer lugar, a nosotros mismos. La Virgen quiere que todos reconozcamos la importancia de la salvación del alma y que reconozcamos que su visita a la tierra está en función de ello. Un día dijo la Virgen que quería “conducir el mayor número de almas al cielo”. Quien piensa en su alma, piensa en su último destino. Recordemos que en este mundo estamos sólo de paso. Y no hay tiempo que perder en relación a la salvación del alma. Por ello, frente al culto desenfrenado al cuerpo humano que promueve la sociedad de consumo, la Virgen enfatiza la primacía del alma. Y los padres y madres de familia deben tomar nota de ello.

En segundo lugar, la frase, “este es el tiempo para mi alma” también va dirigida a Dios. Una aplicación práctica, en respuesta al mensaje de este mes, podría ser: que tomemos la corona del rosario y de ves en cuando —en lugar de las Ave Marías tradicionales— después del Padre Nuestro digamos: “este es el tiempo para mi alma”. No se trataría de iniciar una nueva devoción, sino de repetir unas 50 veces lo que la Virgen nos pide que digamos, a fin de tomar conciencia de la prioridad de la conversión. De esta manera, con su gracia, el mismo Dios, nos ayudará a convertirnos. Porque, no lo olvidemos: la conversión también es una gracia.

Al final del mensaje, la Virgen termina con unas palabras bellísimas pronunciadas otras veces: “Yo estoy con ustedes y los amo con un amor inconmensurable”. Esas palabras significan: “no están solos”, “yo los acompaño”, “soy su Madre”, "estoy aquí para ayudarles”, “no tengan miedo”, “permítanme que los transforme”, “acepten mi amor”, ábranse a él”. Entonces acojamos a María y tomemos la conversión en serio. 

 ¡Sea alabado Jesucristo!

 
 
 

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