Capítulo 3 - ¿Pero ...qué es la oración ?

1- ¿Pero qué es la oración?

Para nuestra gente que casi nunca ha practicado la oración y se le habla sobre ella ésta es la pregunta que espontáneamente asoma a sus labios.

Y la dulce Reina de la Paz, constatando ya esta realidad se anticipaba a decirnos en ocasiones diferentes:

“Queridos hijos,... Los invito a orar sinceramente con el corazón para que cada una de sus oraciones sea un encuentro con Dios”.[1]

“Queridos hijos, los invito a la oración para que en ella tengan su encuentro con Dios. Dios se está ofreciendo y dándose El mismo a Uds. Pero les deja en plena libertad para que Uds. Respondan a su llamado. .Por tanto queridos hijos aparten un tiempo durante el día para que puedan orar tranquila y humildemente y así encontrarse con Dios su Creador. Yo estoy con Uds.e intercedo por Uds. ante Dios. Por eso estén atentos para que cada oración sea un encuentro agradable con Dios.”[2]

“ Queridos hijos, hoy nuevamente los invito a todos a la oración,... llena de gozo para que en estos días tristes ninguno de Uds. sienta tristeza en la oración sino un encuentro gozoso con Dios su Creador....” [3]

“Queridos hijos, los invito a orar con el corazón para que su oración sea una conversación con Dios”.3

“Queridos hijos: Uds deben comprender que uno tiene que rezar. La oración no es cosa de juego. La oración es un a conversación con Dios. En cada oración deben escuchar la voz de Dios. Sin la oración no se puede vivir. La oración es vida. “[4]

“Cuando recen deben hacerlo de una manera más sentida. La oración es una conversación con Dios. Orar significa escuchar a Dios. La oración les aprovecha a Uds. porque después de ella todo se ve más claro. La oración les puede enseñar la felicidad. La oración les puede enseñar cómo llorar, cómo florecer. La oración no es cosa de broma. Es un diálogo con Dios. “[5]

 

 

2 - Reflexionemos.

Detengámonos a reflexionar un poco sobre los términos tan especiales y sencillos a la vez que expresivos que emplea nuestra Madre y Maestra para hablarnos de la oración.

Primeramente nos habla de que la oración es un encuentro. Pero hay en la vida encuentros, imprevistos unos , ocasionales y nunca antes deseados; otros deseados, buscados y diligentemente preparados. Los hay además improductivos como también enormemente provechosos. Y los hay importantísimos, menos importantes y nada importantes .

¿En qué categoría de importancia coloca nuestra Madre la Oración, el encuentro con Dios nuestro Señor? Las palabras de sus mensajes son reveladoras en extremo:

“Mis hijos, oren. No puedo decirles nada más sino que oren. Sepan que en sus vidas no hay nada más importante que la oración” [6]

“Vuelvan a la oración. No hay nada más importante”[7] “Mis hijos, oren... Lo digo nuevamente: oren! Sepan que la oración es lo más importante en sus vidas”.[8]

“Queridos hijos, hoy nuevamente los invito a orar. Uds., queridos hijos, no demostrarán haber comprendido el incomparable valor de la oración sino hasta que puedan decir: <Llegó el momento de la oración y ahora para mí nada es tan importante como Dios>.Queridos hijos, conságrense a la oración con especial amor para que Dios derrame sus gracias sobre Uds.[9]

 

 

3 - Un caso imaginario.

Situémonos ante un caso bastante imaginario. Un pobre hombre se encuentra en el peor momento de su historia, con una familia numerosa nada menos que de ocho o diez hijos todos pequeños, en edad escolar, debiendo la cuota de su casa pues la viene adquiriendo por el UPAC y ya le llegó la cuenta de cobro con el ultimátum del embargo si no se pone al día en sus cuentas.

La esposa difícilmente oculta los síntomas de una grave enfermedad contraída por las malas condiciones que le toca afrontar y él no tiene trabajo, además está debiendo lo de alimentación y elementos escolares de sus hijos. Verdad es que posee un carrito que también lo está pagando y un pequeñísimo terreno en el campo de donde trata de arrancar algunas matas para alimento de sus hijos. Pero realizado todo ello no le da para pagar ni la cuarta parte de la deuda. En semejantes circunstancias, más de una vez lo viene asaltando la tentación de suicidarse. ¿Qué otra cosa podría hacer?

Mas he aquí que un gran amigo que hace mucho tiempo lo conoce y lo aprecia, lo cita para que acuda a su oficina, le comente su tragedia pues está dispuesto a ayudarle tanto como sea necesario ya que además de poseer un corazón grandemente humanitario ha sido favorecido por la Providencia en forma muy privilegiada. Y para no perder el tiempo pues es persona de muchos y grandes compromisos, le fija un día y una hora que nuestro hombre debe respetar.

¿Qué tendrá que hacer éste cuando se encuentre con otros de sus “amigos” que lo invitan a jugar y a tomar, precisamente en el día y hora ya comprometidos? El tiene que decirse: El compromiso que tengo adquirido con mi gran amigo es de vida o muerte y ahora para mí nadie ni nada es tan importante como él.

Pero sucede que este Gran Amigo que a todos se nos ofrece para ayudarnos es nada menos que aquél de quien hablaba el Profeta cuando decía : “A ver ustedes que andan con sed, ¡vengan a las aguas! No importa que estén sin plata, vengan; pidan trigo sin dinero, y coman, pidan vino y leche, sin pagar.¿Para qué van a gastar en lo que no es pan y dar su salario por cosas que no alimentan? Si ustedes me hacen caso, comerán cosas ricas y su paladar se deleitará con comidas exquisitas. Atiéndanme y acérquense a mí, escúchenme y su alma vivirá.” [10]

Este gran Amigo es Jesús que en su Evangelio nos está diciendo:” Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré” [11]

Este gran Amigo es Aquel de quien San Pedro nos habla en su carta donde dice:” Depositen en él todas sus preocupaciones, pues él cuida de ustedes.” [12]

Entonces razón tiene nuestra Madre cuando nos dice en su mensaje: “Uds., queridos hijos, no demostrarán haber comprendido el incomparable valor de la oración sino hasta que puedan decir: <Llegó el momento de la oración y ahora para mí nada es tan importante como Dios> Puesto que en la categoría de los seres existentes nadie hay superior al mismo Dios , si la oración es encuentro personal con Dios no puede haber nadie ni nada que supere en importancia al encuentro con Dios nuestro Señor.

 

 

4 - Encuentro gozoso.

Pero nuestra Mamacita emplea además otros términos en sus mensajes cuando dice que la oración ha de ser para nosotros un encuentro gozoso y agradable con Dios. ¿Podría no ser agradable para el amigo de nuestro ejemplo el encuentro con aquella singular persona que le ha ofrecido ayudarle a solucionar sus múltiples y gravísimos problemas ?

El amigo verdadero capaz de colmar todas nuestras ilusiones y esperanzas frente a nuestros múltiples problemas no se encuentra en esta tierra. Ese amigo solamente es Dios.

Y El, por ser infinitamente sabio, conoce todas nuestras dificultades y problemas. ”El Altísimo conoce todo lo que se puede saber: conoce los signos de los tiempos. Dice lo que ha sido y lo que será, descubre las huellas de las cosas pasadas”.[13] Ni un pensamiento se le escapa, ni una palabra se le oculta.

Porque es omnipotente todo lo puede resolver;”¿Hay acaso algo imposible para Yahvé?[14]; ”Para Dios, nada es imposible.»; ”Jesús respondió: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.»;“para Dios todo es posible.»

Porque es amor en persona tiene voluntad de ayudar a todas sus criaturas en cualquier tipo de circunstancias por más azarosas que ellas sean: “Yahvé es bueno; para los que en él confían, es un refugio en el día de la angustia.” [15]: “Dios es amor..Miren cómo se manifestó el amor de Dios entre nosotros: Dios envió a su Hijo único a este mundo para que tengamos vida por medio de él. En esto está el amor; no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados.”[16]

“Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo.» Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores, para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores”.[17]

¿Con un Amigo tan poderoso, tan sabio y tan bueno como es Dios, y tan firmemente decidido a ayudarnos , con la sola condición de que lo busquemos con la absoluta confianza y seguridad de ser atendidos cómo no ha de ser agradable y gozoso nuestro encuentro con El en la oración?

¿Cómo no desear y esperar ansiosamente ese encuentro y cómo no disfrutar de él en plenitud?

Y cómo no frecuentar al máximo esta clase de encuentros que nos van a colmar de lo que más anhelamos en este mundo que es la felicidad?

 

 

5 - ¿Será que yo puedo?

No se necesita tener mayores conocimientos para entender lo que es una conversación y tampoco para comenzarla. Dos personas que se quieren se encuentran, y de inmediato entablan una interesante plática, y las ideas van acudiendo espontáneamente y se van intercambiando lo mismo que las palabras y los gestos para expresarlas, y la charla se prolonga a veces de manera indefinida tanto más cuanto mayor es la estima que se tienen .

Y decimos <que se quieren> y <tanto más cuanto mayor es la estima que se tienen> porque donde no hay amistad es moral y sicológicamente imposible prolongar la conversación que quizá se haya iniciado de manera accidental e imprevista.

Y como uno de los frutos que se siguen de la conversación cuando ésta es sincera y reiterada es el conocimiento mutuo de los interlocutores, a fuerza de comunicarse puede surgir entre los dos una amistad que antes no existía y ésta misma va a conseguir que en adelante sientan la necesidad de seguirse entrevistando.

Trasladando estas ideas al terreno que nos ocupa entendemos ahora porqué nuestra Madre celestial nos dice que la oración es una conversación.

En la oración nos encontramos nosotros y Dios y en la charla que se inicia es Dios quien la empieza y nos dirige su palabra que nosotros tenemos que escuchar con atención y gran acatamiento.

¿Y de qué manera nos dirige su palabra? Lo hace por medio de la Sagrada Escritura , o de un libro espiritual o mediante los sentimientos íntimos que experimentamos en el fondo de nuestro corazón y de nuestra conciencia. De ésta nos dice la Iglesia:” La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquella”[18]

“En cada oración deben escuchar la voz de Dios” nos enseña nuestra Madre;”Orar significa escuchar a Dios”.

 

 

6 - No me gusta hablar yo solo.

Sí, pero la oración no es un soliloquio o monólogo, en el que solamente habla una persona y la otra no hace sino escuchar.

Después de escuchar a Dios, nosotros también tenemos el derecho de expresarle cuanto haya en nuestro corazón según aquello de Jesús en su Evangelio: “Mi Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquellos a quienes el Hijo se lo quiera dar a conocer. Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré…, y sus almas encontrarán descanso. Pues mi yugo es suave y mi carga liviana.” y lo de San Pedro :” Depositen en él todas sus preocupaciones, pues él cuida de ustedes.” [19]

¿Y de qué manera o en qué forma lo vamos a efectuar? Cuando el pobre acude a donde el rico no utiliza formularios magníficamente redactados e impecablemente elaborados para moverle el corazón, menos aún cuando es el hijo el que va donde su padre a pedirle su ayuda. Las formas para hacerlo, los términos que necesita se los dicta el corazón. La espontaneidad, la naturalidad, la sencillez y transparencia son sus características fruto de la confianza que lo liga con su padre.

Lo anterior vale cuando se trata de la oración personal y privada a la que todos necesitamos acudir de manera espontánea e informal y que no está sujeta a formulismos ni convencionalismos de ninguna especie.

Otra cosa muy distinta acaece con la oración pública y oficial que obliga a los sacerdotes y demás consagrados, que deben efectuarla de acuerdo a las leyes prescritas para ello por la Iglesia. Pero también en estos casos hay que ponerle corazón a todo lo que se va recitando so pena de incurrir en la queja del Señor que dice en su Evangelio”Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”.Mat.15,8

 

 

7 - ¡Silencio!

Pero también en todo diálogo se presentan momentos de silencio durante los cuales los labios ciertamente callan pero el corazón se sigue comunicando. Y aun en estos momentos aparentemente inútiles, Dios continúa obrando en nuestro corazón ya que nos hemos situado voluntariamente en su presencia dispuestos a escucharlo y a dejarnos transformar.

Cuando alguien quiere tomarse un buen baño de sol, o bien se va a la playa, o bien sobre la terraza de su casa se sitúa en una posición de aparente y total pasividad para recibir los benéficos rayos solares; quizá cierra los ojos, y hasta de pronto es posible que lo invada el sueño; y en esta actitud trascurre buena parte de su tiempo.

Cuando después se manifiesta a la gente no faltará quien le diga:”¡ huy, cómo estás de bronceado !

¿Pero qué fue lo que él hizo?¿qué crema se aplicó? Nada en absoluto; solamente se ofreció a recibir sobre su piel los benéficos y saludables rayos solares que transformaron el tinte de su piel.

De modo semejante acontece con la oración y los momentos de silencio que inevitablemente se suceden. Quizá en el momento mismo pudiéramos sentir tedio y cansancio de estar ahí sin hacer nada, sin decir nada, sin sentir nada.

Pero no es un momento estéril y vacío si de manera expresa y voluntaria nos situamos en la presencia del Señor para que El nos vaya transformando con el fuego de su amor.

Oportuno citar aquí un testimonio de Sor Briege McKenna, Religiosa Clarisa que en uno de sus escritos dice así: ” Quisiera compartir una enseñanza que me vino un día mientras estaba sentada en la presencia del Señor. Yo solamente miraba el Santísimo Sacramento y adoraba a Jesús y le decía que yo no tenía mucho que decir, salvo que lo amaba. Y sentí que el Señor me dijo:”¿Pues, no sabes que no tienes que decirme nada? Solo estar conmigo, estar en mi presencia. No se trata de lo que tú haces por mí sino de lo que yo hago por ti”. Fue para mí ésta una gran lección: saber que yo no tenía siempre que decir algo sino que solo tenía que estar allí con Jesús ,haciéndole compañía”[20] “

Y los efectos después a lo largo de la jornada se van a hacer notorios, en la paciencia para soportar al hermano fastidioso, en la generosidad para atender al necesitado, en la amabilidad y suavidad del trato a las personas, en la luz para entender un pasaje de la Palabra del Señor, en el deseo persistente de volver a la oración ,en la fuerza para combatir determinado defecto y resistir una tentación quizá bastante insidiosa, en el deseo de salir del estado de pecado mediante una fervorosa y dolorida confesión, en la gracia de la fidelidad al compromiso celebrado.

Y si somos fieles y perseverantes en acudir a estas entrevistas de oración con el Señor, a pesar de nuestra aparente y continuada vaciedad y sequedad, un día la gente que nos trata desde tiempo se va a preguntar: ¿Pero qué le pasa a fulanito, a fulanita que ahora está como distinta si antes no era sí? Y la repuesta no va a ser otra que el refrán tan conocido:”Dime con quién andas y te diré quién eres”

[1] Diciembre 25 de 1987 [2] Noviembre 25 de 1988 [3] Julio 25 de 1992; Septiembre 25 de 1990
[4] Septiembre 10 de 1984 [5] Octubre 20 de 1984 [6] Diciembre 25 de 1983 [7] Dic.29/86 [8] Enero 3 de 1984 [9] Octubre 2 de 1986 [10] Isaías 55,1-2 [11] Mat.11,28 [12] I Pedro 5,7 [13] Eclesiástico 42,18-20
[14] Gen.18,14; Luc.1,37; Luc.18,27 Mat.19,26 ;Marc.10,27 [15] Nahum 1, 7 [16] I Juan 4,9-10
[17] Mat.5,43-45 [18] Concilio Vaticano II, Iglesia en el mundo actual Nº 16 [19] Mat.11,26-30; I Pedro 5,7; Mat.11,28 [20] Los milagros sí ocurren”

 
 
 

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