Madre Enséñanos a orar

Por el P. JACINTO LADINO A. Misionero Montfortiano
Centro María Reina de la Paz.
Carrera 25 N° 12-10 Telfax 656 1035 Barrio San José- Acacías- META

Dedicatoria

Oh Madre, Reina de la Paz:

A ti te dedico este trabajo , te lo ofrezco y te lo regalo; tú sabrás lo que vas a hacer con él. Tú me mandaste redactarlo a pesar de mis limitaciones que tú conoces demasiado. Solo con la ayuda de Dios y la tuya se convirtió en realidad lo que antes para mí era un simple pensamiento, nada más que pensamiento, eso sí obsesionante.

Trabajos mucho mejor elaborados en todo sentido han aparecido y seguirán apareciendo. El presente es solamente fruto de un sincero deseo colaborarte y de poner en las manos de mis hermanos, los sencillos, algo que los anime a satisfacer tus deseos tan reiteradamente expresados de que oremos, y oremos más, mucho más, pues es la oración la que va a salvar al mundo.

Que este trabajo sea como el burrito que le sirvió a Jesús para hacer su entrada triunfal en Jerusalén.

El autor de este trabajo no aspira a otro honor que el de ser para ti, oh Madre, como las chancletas que llevarías bajo tus pies inmaculados para llegar a tantos corazones que te aguardan ansiosamente como aurora del nuevo día, la Aurora de la Salvación, Estrella de la Nueva Evangelización.

Carta de Recomendación

Rvdo. PadreJacinto Ladino
Muy querido Padre y hermano:

Gracias de todo corazón por el obsequio de la obra: “MADRE, ENSÉÑANOS A ORAR” por Ud. amorosamente escrita a petición de la Santísima Virgen María, no como un tratado de oración sino como una guía de aprendizaje de oración en la escuela de Nuestra Señora Reina de la Paz. Los apóstoles habían pedido al Divino Maestro: “Señor, enséñanos a orar”, pero no lograron aprender a hacer oración. No pudieron perseverar ni una hora en oración, pero después de la Ascensión le piden a la Santísima Virgen:“SEÑORA, ENSÉÑANOS A ORAR”. Con tan buena Maestra perseveraban en oración, no una hora sino nueve días recompensados con la venida del Espíritu Santo.1

En las 224 páginas de su obra se respira el grato perfume de la oración, de la presencia de la Santísima Virgen María. Se podría resumir en pocas palabras: “Hijitos, que la oración sea la vida para ustedes y sean ejemplo para los demás... oren, oren, oren, hasta que su vida llegue a ser oración. Todos deben hacerlo con el corazón y no por costumbre. Brote de sus corazones como el agua fresca de un manantial.” Querido Padre Ladino: El Señor lo bendiga por las manos virginales de María. Que el Espíritu Santo esparza ampliamente tan inspirada obra, entre tantas almas anhelosas de aprender a hablar con Dios en la escuela de la que es “LA OMNIPOTENCIA SUPLICANTE” que, como su santo Hijo,vive siempre para interceder por nosotros.2 Unido en el afecto, en el apostolado y en la oración, quedo su afectísimo amigo en Cristo y María.

†GREGORIO GARAVITO JIMÉNEZ
Obispo emérito de Villavicencio

Presentación

Permítame, querido amigo o amiga, que empiece este libro con una pequeña pero significativa anécdota que leí en alguna parte. En ella entran en juego dos personajes a los que vamos a llamar José y Carlos.

José era un buen hombre que jamás había orado. Muchas veces había oído hablar de la oración, de sus bondades, de sus perfecciones y de su eficacia. Y a la verdad que algo le entusiasmaba. Pero como nunca le enseñaron la manera de orar, un día decidió descartar por completo de su vida este tema. Así pasó mucho tiempo.

Cualquier día llegó a donde él Carlos que era un hombre muy espiritual y cuando empezó a tratarle el tema, José le dijo: “Mira, mejor cambiemos el tema pues no quiero ocuparme jamás de eso”.

Los primeros pasos...

Extrañado de sus palabras Carlos le preguntó el por qué de su actuación y al escucharlo le dijo: Hombre, eso de la oración es lo más sencillo de la vida. Mira, la oración no es más que una charla con un Amigo invisible que te ama, que es Jesús. Cuando quieras hacer oración, alista dos sillas en tu cuarto, una para ti y otra para El. Invítalo a que se siente a tu lado o frente a ti, como quieras, y empieza tú a conversar con El como haces con cualquiera de tus amigos, pero en este caso con el mejor de todos que es Jesús. Háblale con especial confianza de todo lo que tengas en tu corazón. Para charlar no se necesita hacer cursos. Basta dejar que el corazón se manifieste. Pero ten presente que en la charla no es sólo uno el que habla. También hay que saber escuchar y Jesús te va a hablar al corazón. Vas a ver los resultados.

José accedió y se propuso seguir el consejo de su amigo Carlos y la verdad es que empezó a sentirse cada vez mejor. Cierto día se enfermó y entonces le dijo a su hija que le acercara a su cama una de las dos sillas, que él quería tenerla ahí cerca, pero sin decirle la razón por temor a que ella lo pudiera imaginar con problemas mentales y quizá lo remitiera al siquiatra.

Viendo que su padre se agravaba, la muchacha llamó al sacerdote y cuando éste llegó le dijo después de saludarlo: “Veo que me esperabas y por eso me tenías lista la silla junto a tu cama, ¿verdad?” “No, yo no lo he llamado, fue la hija. Pero... ¿se incomoda Ud. si le pido que cierre la puerta?” “Claro que no”, le contestó el sacerdote. Y empezó José a comentarle toda su historia a cerca de la oración. Cuando terminó le dijo: “¿Estoy haciendo bien?” “¿Que si bien?”, le dice el sacerdote, “Ud. me ha dado a mí una gran lección. Siga, siga así, que es lo mejor que Ud. puede hacer”. Lo absolvió, le dio la Comunión y se marchó.

La vida de José tocaba a su fin y la muchacha llamó de nuevo al sacerdote diciéndole: “¡Padre, Padre, mi papá se muere, venga rápido por favor!” Acudió el sacerdote y cuando llegó... ya era tarde, pero observó que el enfermo se había incorporado un poco en su lecho, mas en vez de recostar la cabeza en la almohada, la había colocado en la silla que él había acercado a su cama para que en ella se sentara Jesús. Y estaba muerto pero... en el regazo del Señor. Esta sencilla anécdota me confirma en la idea que hace tiempo me trabaja. No son tanto los devocionarios lo que la gente necesita, sino que se le enseñe a dar los primeros pasos en el camino de la oración. La lectura de los devocionarios cansa y no siempre están al alcance de todos, ni son del gusto de todos, ni es posible tenerlos a la mano en todo momento. Y cuántas veces sucede que hacemos de la oración solamente una lectura de fórmulas compuestas por otro, sin que nuestro corazón sintonice con lo que leemos.

Pero la oración entendida como diálogo amoroso con nuestro Dios, eso sí es cosa diferente. Ella nunca cansa y llena de alegría, de optimismo. Y siempre quedan ganas de volver a repetirla. Con ella todo se ve de modo diferente y no hay problema por grave que sea que amargue la existencia. La Reina de la Paz, nuestra Maestra, en sus mensajes que ya por cerca de 20 años nos viene dando en Medjugorje, trata de los más variados temas: conversión, confesión, Misa, Comunión, lectura de la Palabra de Dios, Rosario, ayuno, como también de nuestro peor y más encarnizado enemigo— Satanás. Pero el tema de la oración es el que jamás se le cae de los labios.

Y a la verdad que tiene razón sobrada para ello. Por las más variadas circunstancias podemos hallarnos impedidos para asistir a Misa, para confesarnos, para comulgar, para leer la Palabra de Dios, para ayunar, para acudir a un templo, pero jamás podremos hallar motivo alguno para eximirnos de la oración. Es lo que más necesitamos y lo que siempre está a nuestro alcance. Aún más, la oración es el comienzo de nuestra conversión y de la de los demás como también el mejor medio de asegurar la perseverancia. Pero en más de un caso necesitamos aprender a orar.

San Luis María de Montfort nos dice en su Verdadera Devoción: “María, estrella del mar, conduce a todos sus fieles servidores al puerto de salvación. Les enseña los caminos de la vida eterna. Les hace evitar los pasos peligrosos. Los lleva de la mano por los senderos de la justicia. Los sostiene cuando están a punto de caer. Los levanta cuando han caído. Los reprende, como Madre cariñosa, cuando yerran, y aun a veces los castiga amorosamente. ¿Podrá extraviarse en el camino de la eternidad un hijo obediente a María, quien por sí misma le alimenta y es su guía esclarecida? “Siguiéndola –dice San Bernardo– no te extravías. No temas, pues! Ningún verdadero hijo de María ser engañado por el espíritu maligno! Ni caerá en herejía formal!”.

Tal es el propósito del trabajo que ahora Ud. tiene en sus manos con el título: Madre, enséñanos a orar. Los pensamientos que en él va a encontrar le proporcionarán tema más que abundante para entrar en oración. No es un devocionario; es una guía para aprender a orar, pero como llevados de la mano de María. Ella quiere enseñarnos a dar los primeros pasos en el camino de la oración, como lo insinúa la imagen adjunta.

En la vida de nuestro amigo José, la intervención de Carlos fue definitiva. Más definitiva será en nuestra vida la intervención de nuestra Madre, si de corazón acogemos sus enseñanzas y nos dejamos guiar por tan hábil y experta Educadora. Carlos fue el instrumento providencial en la vida de José. También Ud. puede ser ese instrumento que Dios quiere utilizar para la renovación de sus hermanos. ¿Que no sabe o no se atreve a hablar? Quizá sea cierto, pero entonces puede poner 3 Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen María este libro en las manos de personas muy necesitadas, recomendarlo, quizá hasta regalarlo y, sea como sea, propagarlo para de esa manera ayudarle a nuestra Madre a que sus enseñanzas se difundan más y más.

Una es la labor de quienes escribimos, pero otra mucho más indispensable la de quienes propagan los escritos. En la obra misionera de Jesús, unos fueron los que le colaboraron propagando Su mensaje, y otro el que lo llevó a Él sobre sus lomos cuando entró a Jerusalén. Y cuando la multiplicación de los panes, uno fue el que aportó cuanto tenía, y otros los que ayudaron a repartir el pan entre la multitud. Pero todos fueron necesarios a Jesús.

Se trata es de colaborarle a Jesús y en este caso a Su Madre en la tarea de atraer los corazones a su Hijo, propagando por doquier sus enseñanzas. La tarea es urgente. ¿Evangelización sin oración.....?

A Ud. como a los videntes de Medjugorje y a todos nosotros nos dice la dulce Reina de la Paz:
“Los invito. Los necesito. Yo los he elegido. Ustedes son im-portantes...”
“Mis queridos hijos, deseo su cooperación. Quiero trabajar con ustede|s.”
“Su cooperación es necesaria para Mí”.
“Yo no puedo hacer nada sin ustedes”.

 

 

Introducción

1º La conmemoración de los dos mil años del nacimiento en carne mortal del Hijo eterno de Dios es algo tan cargado de significado que nunca haremos lo suficiente para profundizar en su contenido y menos para llevar a la práctica las lecciones que de él se desprenden para nosotros. Veamos unas cuantas preguntas que podrían orientarnos en estas reflexiones.

¿Quién vino?-¿Cuándo vino?-¿Dónde vino ?-¿Cómo vino?-¿A quiénes vino?¿A qué vino?-¿Por qué vino?-¿Qué hizo?-¿Qué enseñó?-¿Cómo terminó?-¿Desapareció?-¿Qué ha pasado? -¿Volverá?-¿Cuándo?-¿A qué?-¿Y a mí qué?

¡Si tomáramos tan solo dos de estas preguntas y les dedicáramos todo el esfuerzo y buena voluntad!!

¿Qué fue lo que enseñó Jesús con ocasión de su primera venida? y ¿Qué ha pasado con su enseñanza? ¿sí la hemos aplicado a nuestra vida y hemos tratado de organizarla en plena coherencia con esas enseñanzas ?

Se le preguntaba una vez a un joven del común del pueblo con motivo de la Semana Santa:¿A ti qué te dice la Semana Santa?-“A mí no me dice nada”,fue su respuesta inmediata. ¿Razón...?La ignorancia total a cerca de los acontecimientos que en ella se conmemoran.

Los Obispos congregados en Santo Domingo en Octubre de 1992 hacían esta preocupante constatación: “entre nuestros mismos católicos el desconocimiento de la verdad sobre Jesucristo y de las verdades fundamentales de la fe es un hecho muy frecuente, y el algunos casos esa ignorancia va unida a la pérdida del sentido del pecado” [1]

La respuesta del caballero aquél es también la de una amplísima mayoría de las gentes de todos los estratos de nuestra sociedad y también la razón del caos que estamos viviendo en los actuales momentos de nuestra historia.

2º La gravedad de esta situación quizá no la habíamos vivido nunca antes en este bello país y nos preguntamos con angustia qué habría que hacer, cuál sería la mejor manera de conseguir que este estado actual de cosas empiece a cambiar.

Se levantan voces de protesta, se organizan marchas callejeras y paros laborales, se denuncia y se condena la violencia que anega a Colombia en ríos de sangre inocente y mares de lágrimas derramadas por las víctimas inocentes de los secuestros y de las masacres. Se critica y se acusa a los gobiernos de incapacidad, cuando no de complicidad. En las sesiones del Congreso se estudian leyes enderezadas a la reforma de las estructuras, se elaboran y se discuten leyes para prevenir y para sancionar los delitos; los Jerarcas de la Iglesia publican manifiestos de condena a los delitos y se elaboran bellos programas de Nueva Evangelización. Y las cosas siguen cada día de mal en peor.

3º Pero nos vienen a la mente las palabras del salmo 127: “Si Yahvé no construye la casa, en vano se afanan los albañiles; si Yahvé no guarda la ciudad, en vano vigila la guardia” [2]. y las del mismo Jesucristo:.«Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.» [3]

“Y todo cuanto pidáis con fe en la oración, lo recibiréis”.» [4]:“ «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! [5]

4º ¡Nos duele Colombia! Hay que hacer algo, sí, hay que hacer algo para salvar a esta hermosa Colombia, la patria que el Señor nos ha regalado. Porque dice el viejo adagio popular que es mejor encender un fósforo que renegar de la oscuridad.

En Méjico se organizó el año pasado de 1998 una Semana Nacional de oración y ayuno. Ya por varios años consecutivos vienen organizando para el último día del mes de Octubre la jornada mundial del rezo del Rosario, con la participación de muchísimos países y la del mismo Sumo Pontífice que a tenido la delicadeza de dirigir desde San Pedro en Roma una decena del Santo Rosario.

A ello nos está invitando también nuestra dulcísima Madre celestial con sus reiterados mensajes desde muchísimas partes del mundo especialmente desde Medjugorje. Quizá lo que nos está pidiendo nuestra Madre sea lo que hace falta para mover el corazón de Dios a concedernos lo que tanto necesitamos.

Muy ilustrativo es a propósito el pasaje de Jonás que dice como sigue:“Por segunda vez Yahvé habló a Jonás, diciéndole: «Prepárate y vete a Nínive, la metrópoli, para anunciarle el mensaje que yo te comunique.»

Jonás se preparó y marchó a Nínive, de acuerdo con la orden de Yahvé. Nínive era una gran metrópoli, con un recorrido de tres días. Jonás comenzó a atravesar la ciudad y caminó un día entero proclamando: «En el plazo de cuarenta días Nínive será destruida.»

Los ninivitas creyeron en Dios, organizaron un ayuno y grandes y pequeños se vistieron de saco. El anuncio llegó hasta el rey de Nínive, que se bajó del trono, se quitó su manto, se cubrió de saco y se sentó en la ceniza.

Luego mandó proclamar en Nínive este decreto del rey y sus ministros: «Que hombres y bestias, ganado mayor y menor, no prueben bocado, ni pasten, ni beban agua. Que hombres y animales se vistan con saco e invoquen a Dios con insistencia; y que cada uno se convierta de su mala conducta y de sus acciones violentas. A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos.»

Cuando Dios vio lo que hacían y cómo se convertían de su mala conducta, se arrepintió del castigo que había anunciado contra ellos, y no lo ejecutó”. [6]

Fe, ayuno, oración del pueblo y conversión: Eso era lo que Dios pedía para perdonar a los Ninivitas. Eso es también , a no dudarlo lo que el Señor nos está pidiendo en el momento presente como condición para levantar su mano de castigo.

La Reina de la Paz le otorga tanta importancia a la oración que llega hasta el extremo de invitar a aquellos que no creen, los ateos, a que hagan lo que Ella les sugiere, segura como está del resultado que se sigue:“Los que no pueden creer en Dios, deben al menos pasar cinco o diez minutos al día en meditación en silencio. Durante ese tiempo deben pensar sobre el Dios que ellos dicen que no existe”. [7]

Fe, ayuno, oración y conversión es también lo que nuestra Celestial Madre y Abogada nos está pidiendo en esta hora crucial de nuestra historia.

A difundir sus peticiones y a motivar los corazones, para que podamos celebrar fructuosamente el 2.000 aniversario del nacimiento de nuestro Divino Salvador y comenzar en serio nuestra renovación para esta nueva era de la Iglesia, a eso van encaminadas las páginas siguientes en un esfuerzo de colaborarle a la Dulce Madre y Reina de Colombia, la Reina de la Paz que a todos nosotros nos está diciendo: "No hay paz, hijitos, donde no se ora” [8]

El Autor.

[1] Conclusiones Nº 39
[2] Salm.127 ,1
[3] Mat.18,19-20
[4] Mat.21,22
[5] Mat.7,7-11
[6] Jonás 3,1-10
[7] Abril de 1989
[8]
Marzo 25 de 1995.

 

 

 
 
 

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