Lleva el Don a aquellos que Amas

Una reflexión del Padre Jozo Zovko

El siguiente texto es un extracto de una catequesis del Padre Jozo publicada en el libro “Ecco tua Madre” [He aquí a tu Madre ] del mismo Padre Jozo. El libro está disponible con ocasión de los encuentros que el Padre Jozo tiene en el Santuario de Siroki Brijeg, santuario que conocen bien los peregrinos que se acercan a Medjugorje.

Lleva el don a aquellos que amas

Si quieres transmitir a aquellos que amas, a tu familia, una gracia que crecerá en ellos, transmíteles el don de la oración. Hoy en día hacen falta maestros de oración, hacen falta escuelas de oración y existe una decadencia en el amor. Hacen falta educadores, maestros del bien, hacen falta sacerdotes santos y hace falta, en el mundo, el conocimiento de Dios, del amor, de los valores divinos. Por eso es importante renovar la oración en el interior de la familia. Si quieres convertirte en maestro de oración, debes comenzar a vivir la oración en tu familia, transmitirla con entusiasmo a aquellos que amas y ayudar a desarrollar este don orando con ellos.

El don de la oración transforma la vida

La pequeña iglesia doméstica, la familia que no ora, no puede generar seres vivos. Tu familia debe mantenerse viva para dar a luz seres vivos a la Iglesia. Cuando los padres de familia viven normalmente una relación de amor, no tienen que preocuparse de cuándo y cómo se desarrollará la capacidad de amar en sus propios hijos, porque entre ambos crean el clima adecuado que produce el amor en el corazón de los hijos. Si el padre y la madre oran en familia, no saben cuándo se desarrollará en sus hijos la capacidad de orar, pero pueden estar seguros que sus hijos han recibido, a través de ellos, este don.

Los dones son como las semillas: tienen una potencialidad intrínseca. Se siembran y se cuidan para que puedan crecer y dar fruto. Son tantas las lenguas que se hablan en el mundo y a cada una se le da el nombre de “lengua madre”. Cada uno de nosotros tiene su lengua madre, aquella que se aprende en familia. La lengua madre de la Iglesia es la oración: la enseña la madre, la enseña el padre, la enseñan los hermanos.

Cristo, nuestro Hermano mayor, nos ha enseñado cómo debemos orar. La Madre del Señor y Madre nuestra también nos enseña a orar.

La iglesia doméstica que es la familia, increíblemente, en la mayor parte de Europa ha olvidado la oración.

Nuestra generación ya no sabe orar. Y esto ha coincidido con la entrada de la televisión en las casas. La familia ya no busca a Dios, los padres de familia ya no conversan, ya no comprenden a los hijos, dedican toda su atención a los programas de televisión. En los últimos treinta años, ha crecido una generación que no sabe lo que significa orar, que nunca ha orado en familia. Yo he conocido a tantas familias que, por no orar, se han desintegrado totalmente.

La familia es importante, aún más que la escuela.

Si la familia no transmite al hijo y no lo ayuda a desarrollar en su interior los dones, nadie podrá hacerlo en su lugar. ¡Nadie! No existe en la tierra un sacerdote o religioso que pueda sustituir al padre. No hay maestra o religiosa que pueda sustituir a la madre. La persona tiene necesidad de la familia.

El amor no se aprende en una clase. La fe no se aprende en los libros. ¿Comprenden? Si se pierde la fe en la familia, el hijo no la recibe, deberá buscarla y tendrá necesidad de grandes signos para encontrarla, como San Pablo. Es natural que la familia desarrolle los dones, como es natural que la tierra produzca sus frutos y las nuevas semillas que alimentarán a otras generaciones, nada puede sustituir a la familia.

¿Cómo reparar los cimientos de esta institución divina que es la familia cristiana?

¡He aquí el contenido de los Mensajes de la Bienaventurada Virgen María! He aquí lo que enseña a nuestra generación la Reina de la Paz que visita Medjugorje. La Virgen desea renovar el mundo, salvar al mundo. Muchas veces ha dicho llorando: “Queridos hijos, oren juntos... recen el Rosario cada día.”

Si deseamos renovar nuestras familias, debemos desarrollar nuevamente el don de la oración, comenzar a orar.

Para esto existen los grupos de oración: para desarrollar el don y después introducirlo en la familia, llevarlo a aquellos que más amamos. Si una familia ora, será cada vez más unida y podrá transmitir el don a los demás.

(Tomado de Medjugorje Torino, Año XXIII, no. 138, Noviembre/Diciembre de 2007)

 
 
 

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