Capítulo 1 - El gran problema

Hola, amigas y amigos, posiblemente ya nos conocemos a través de la escucha por teléfono de los mensajes de la Reina de la Paz, pero sobre todo a través de la lectura del librito MENSAJES DE LA REINA DE LA PAZ.

Debemos ante todo agradecerles, claro, primeramente a Dios y a la Reina y luego a todos Uds., por la difusión tan inesperada que ha tenido dicha publicación.

Ciertamente que de no haber sido mediante ese apoyo, los mensajes de la Reina no se habrían difundido como de hecho ha venido sucediendo. Que todo ello redunde en mayor gloria de Dios y bien de su Iglesia.

 

 

1. - Llamada apremiante

Pero nos interesa ahora llamarles su atención sobre algo que en los mensajes de la Reina se destaca de manera inequívoca y por demás cuestionadora : Su insistente llamado a orar.

Sus mensajes tan sencillos y a la vez tan llenos de sentido, como son siempre las palabras de una madre para con sus hijos, no pierden oportunidad para hacerlo.

A una buena persona se le preguntaba con respecto al contenido del último mensaje en aquel momento y su respuesta fue: “ ¡Bah, siempre lo mismo, la repetición de la repetidera. Pareciera que no tiene ya más que decir. Se le agotó el tema ,o se le pegó la aguja!”

Una respuesta así deja entrever muchas cosas de parte de quien la daba. Ella andaba siempre a caza de la “chiva del día”, como se hace con los diarios. Para terminar luego haciendo con los mensajes lo que hacemos con aquellos. Lo de ayer ya no nos interesa y lo mandamos a la basura. Y como no se profundiza en su contenido, se nos antojan simplones, aburridos y sin mayor contenido o a lo mejor propios solamente para niños y personas disminuidas.

Inundada como está de la luz de la gloria celestial, contemplando la situación del mundo a través del prisma de la sabiduría divina, nuestra celestial Madre y Señora comprende cuál es la mayor y más urgente necesidad que padece hoy día la humanidad.

Los avances de la ciencia y de la tecnología puestos al servicio del hombre, han hecho que éste llegue a creer que se puede bastar a sí mismo en todo y para todo, y que por consiguiente no necesita ya de ninguna ayuda sobrenatural. Por ello no solo pretende prescindir de Dios, sino que ha llegado a negar su existencia y a combatirlo como enemigo número uno del bienestar humano. “El malvado dice altanero: «¡No hay Dios!», es todo lo que piensa. En toda ocasión triunfan sus empresas, tus decisiones le traen sin cuidado, desprecia a todos sus rivales”.1

Ya el Profeta Isaías afirmaba :“En tu corazón decías: «Subiré hasta el cielo y levantaré mi trono encima de las estrellas de Dios , me sentaré en la montaña donde se reúnen los dioses, allá donde el Norte se termina; subiré a la cumbre de las nubes, seré igual al Altísimo.”[1]

En la cima del Calvario se levantaban tres cruces de las que colgaban tres ajusticiados. Leamos lo que nos narra el Evangelista San Lucas:“Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda..Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!»Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho.»[2]

 

 

2.- ¡Se perdió el temor de Dios!

El Evangelista cita una frase que era en aquel momento la explicación de la conducta agresiva , altanera y desafiante del malhechor para con el Mártir divino que colgaba de la cruz, así como también la explicación de toda su vida de crimen y escándalo que lo había llevado al estado de condenado en que ahora se encontraba.: “¿Es que no temes a Dios? ”

“El malvado se jacta de la avidez de su alma, el aprovechador maldice y desprecia al Señor. Enrisca la nariz y no se preocupa: "¡No hay Dios", dice; eso es todo lo que piensa”[3]

Cuando el hombre se olvida de Dios, y más, cuando se atreve a negarlo, le queda el camino despejado para toda clase de liviandad, desenfreno y corrupción. Las cosas malas lo son porque van en contra de la voluntad de Dios, pero desapareciendo Dios de la conciencia humana, todo se vuelve bueno, permitido y fácil. Entonces es cuando el hombre se convierte en la peor fiera y enemigo de la raza humana. No hay crimen, por inhumano y repugnante que pudiera ser, que no lo cometa con escalofriante insensibilidad y estoicismo, mientras se ríe de las lágrimas, del dolor y de la sangre derramada por sus infortunadas víctimas.

Es que el hombre por su condición de criatura tiene que estar sometido necesariamente a alguien que lo controle: y, o se somete a Dios su creador, fuente y principio de su existencia y en quien solamente puede encontrar la verdadera felicidad y su plena realización, o se rebela contra Dios y termina esclavo de sus propias pasiones y del eterno enemigo de la humanidad, Satanás, que poco a poco lo va llevando al abismo de su propia destrucción.

“¿No temes a Dios?” era la explicación de los desórdenes y crímenes del malhechor colgado de la cruz.

Y es también hoy la explicación del estado de abyección en que se encuentra nuestra sociedad, la sociedad que habita en esta nuestra hermosa Colombia. De la conciencia humana ha desaparecido el temor de Dios, y en vez de esa noción se trata con frecuencia de suplantarla por el falso concepto de un Dios que por ser el Dios amor, se nos ocurre que es un Dios tolerante , complaciente, permisivo y alcahuete, que todo lo permite sin tener jamás la voluntad para castigar la pertinacia, el desenfreno de sus criaturas.

Esa es también la explicación del estado actual en que se encuentra el mundo. De la conciencia del hombre desapareció el temor de Dios, porque se ha olvidado de las palabras del Apóstol que escribiendo a los cristianos de Roma y de Corinto les decía: “Todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios. Quede bien claro que cada uno de nosotros dará cuenta a Dios de sí mismo.” [4].“ “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida mortal, el bien o el mal”[5]

 

 

3 - La misericordia de Dios.

Pero la misericordia de Dios siempre infinita, no abandona al hombre en su desgracia. No lo abandonó en el paraíso después de su rebelión, sino que lo buscó y lo llamó:“Yahvé Dios llamó al hombre y le dijo: «¿Dónde estás?» [6].Y luego, oh maravilla de la ternura y del amor de Dios, lo que no hizo con el ángel rebelde, lo hizo con el hombre pecador: prometiendo enviarle un Redentor que “que nació de mujer”[7]

Y es en virtud de esa ternura y misericordia divina para con el hombre que el Señor insiste en brindarle siempre todas las oportunidades de reconciliación. Por eso en el Sagrado Libro encontramos este hermoso pasaje tan esperanzador y lleno de sentido para la hora presente en que vivimos: “Si yo cierro el cielo para que no llueva, si yo mando a la langosta devorar la tierra, o envío la peste contra mi pueblo; y mi pueblo, sobre el cual es invocado mi Nombre , se humilla, rezando y buscando mi rostro, y se vuelven de sus malos caminos, yo entonces los oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra. Mis ojos estarán abiertos y mis oídos atentos a la oración que se haga en este lugar; pues ahora he escogido y santificado esta Casa, para que en ella permanezca mi Nombre para siempre. Allí estarán mis ojos y mi corazón todos los días” [8]

Analicemos un poquito el contenido de este pasaje: El Señor habla en él de tres flagelos que descargaría sobre su pueblo en castigo de sus extravíos: el verano y su consecuencia la sequía, la langosta y la peste, y para remedio de los mismos exige conversión y oración. Si estas condiciones se cumplen, la misericordia divina no se hará esperar

¿Cómo no ver en estos tres flagelos el símbolo de las calamidades que hoy sufre nuestro pueblo?

En el verano podemos ver representados tantos fenómenos naturales que hoy nos están castigando: los veranos y los inviernos tan prolongados, las inundaciones en Méjico, en Centroamérica y en Europa , los deslizamientos de tierra que han causado tantas víctimas, los huracanes, los maremotos y terremotos como el de Colombia, el de Turquía, el de Grecia, el de Taiwán y en muchas otras partes de la tierra.

En la langosta podríamos encontrar significados todos los grupos de alzados en armas , la violencia, la guerra , el hambre, la pobreza, la carestía de la vida, el desempleo, los desplazamientos masivos, las extorsiones y vacunas, los secuestros, las masacres, los genocidios y homicidios, las violaciones, la injusticia que devora el pan de los pobres para enriquecimiento de unos pocos , el narcotráfico y la inseguridad, la corrupción generalizada a nivel de gobierno, de la política, de la banca, del comercio, de la educación, de los medios de comunicación, de la familia, de niñez y de la juventud.

En la peste podríamos encontrar representadas tantas clases de enfermedades hoy tan raras , y tan graves:

Entre nosotros, lamentablemente las cosas han llegado a un extremo tal que ya tenemos que admitir que no hay elemento humano , ninguna persona o grupo o entidad ,ningún partido político, pero ni la misma Iglesia, que sea capaz de cambiar este estado de cosas tan aberrante en que nos encontramos.

Es cierto que nuestro Santo Padre el Papa Juan Pablo II, consciente de este estado generalizado de descomposición , que en muchísimos casos se ha traducido en deserción masiva de los católicos hacia las toldas protestantes, en un esfuerzo gigantesco y casi diría desesperado de movilización ha lanzado a la Iglesia católica a una campaña de Nueva Evangelización .

Pero la descomposición ha llegado a extremos tales que para que esto cambie se necesitarían muchos años de Evangelización a lo largo y ancho de la tierra.

Y con tristeza y dolor tenemos que constatar que la voz apasionada y delirante del supremo Pastor no siempre encuentra el eco necesario por parte de las gentes y hasta de los mismos sacerdotes.

Y a él le podemos aplicar con total oportunidad las palabras del Evangelio “Al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”[10]

 

 

4 - ¿Hay esperanza...?

Los males que afligen a nuestra humanidad y a la misma Iglesia han llegado a tal extremo de gravedad que nos sentimos obligados a decir como San pedro en el Lago: «¡Señor, sálvame!” [11]; Señor, Sálvanos.[12] “Si el Señor no protege la ciudad, en vano vigila el centinela ”.[13]

Solo Dios con su asistencia omnipotente es el que puede salvarnos de esta situación tan desesperada en que nos hallamos. Tenemos que volvernos a Dios arrepentidos y rogarle, suplicarle con todo el corazón y toda el alma se conduela de nosotros, levante de nosotros el castigo, y comprometernos solemnemente a cambiar nuestra conducta. Es lo que El espera ansiosamente de nosotros, como nos lo dice tajantemente su palabra.

Desafortunadamente con frecuencia escuchamos de labios sacerdotales la consabida frase <no hay que asustar para nada a la gente>.

Y echamos en olvido lo que Jesús dijo en más de una ocasión:

“En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios. Les respondió Jesús: «¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén? No, os lo aseguro; y si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo.»[14]

La condición que el Señor nos plantea para su intervención favorable y benigna es muy clara: “Si mi pueblo, sobre el cual es invocado mi Nombre , se humilla, rezando y buscando mi rostro, y se vuelven de sus malos caminos, yo entonces los oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra”.

Y como el Señor nunca se contradice en sus palabras ni en sus obras, por eso cuando en la cima del Calvario escucha la plegaria del malhechor arrepentido, de inmediato el torrente represado de la misericordia divina se derrama sobre el alma de aquel infortunado y le dice: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.»[15]

Notémoslo bien: para el otro que es un pecador obstinado e impenitente no hubo de parte del Señor ninguna respuesta favorable; sus palabras van dirigidas únicamente al que ostenta señales inequívocas de arrepentimiento . Este le dice: acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino.» y Jesús solamente a él le dijo: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.»[16]

Razón tiene entonces la Reina de la Paz cuando en sus múltiples mensajes que por espacio de 18 años largos nos viene dando en sus apariciones, no se cansa de invitarnos a orar, recomendándonos la oración como el remedio más eficaz para conjurar todos nuestros problemas y hasta para detener la guerra:“ Con el ayuno y la oración se pueden detener las guerras y suspender las leyes de la naturaleza” [17]

“Ahora solo quiero pedirles: oren, oren, oren . No sé qué mas decirles porque los amo y deseo que comprendan el amor de Dios y el mío a través de la oración”[18]

Es que ya lo dijo el Señor en su Evangelio y sus palabras no pueden fallar.“Asimismo yo les digo: si en la tierra dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, mi Padre Celestial se lo concederá. Pues donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo en medio de ellos.».[19]

Importante por consiguiente que ante la insistencia de la Madre sobre este tema de tanta trascendencia y utilidad nos detengamos siquiera un momento a reflexionar para tratar de aprovechar de este invaluable tesoro que la Providencia amorosa de nuestro Padre nos regala por medio de los mensajes de la Celestial mensajera la Reina de la Paz.

Dejémonos guiar por tan experta Educadora que nuestro Padre amoroso ha puesto a nuestro lado.

“¿Podrá extraviarse en el camino de la eternidad un hijo obediente a María, quien por sí misma le alimenta y es su guía esclarecida? «Siguiéndola -dice San Bernardo- no te extravías».

“Donde María es la conductora, no entran ni el espíritu maligno con sus ilusiones, ni los herejes con sus sofismas: «¡Si Ella te sostiene, no caerás!».

Tal es el pensamiento del gran enamorado de María San Bernardo, a quien cita en sus escritos otro gran enamorado como fue san Luis María de Montfort[20].


[1] Isaías 14,13-14 [2] Luc.23,39-41[3] Salm 10,4[4] Rom.14,10-12 [5] 2 Cor,5,10[6] Gén.3,9[7] Gal.1,4
[8] II Crón.7,13-15 [9] Cfr.El fin de los tiempos pág. 124,de Daniel Celino [10] Mat.9,36-38 [11] Mat.14,30
[12] Mat.8,25 [13] Salm.127,1[14] Luc13,1-5 [15] Luc.23,43 [16] Luc.23,42-43 [17] Jul.21/82 [18] Nov,15 / 84
[19] Mat.18,20 [20] V.D. Nº 209

 
 
 

Imprimir esta pagina