Como David contra Goliat Son cinco piedritas que nos da María...

Todos conocemos la historia de David y Goliat, que la Biblia nos narra en 1 Samuel 17,32-33.37.40-51. David, de Belén, fue el segundo rey de Israel y el más insigne de todos. Él amaba a Dios y Dios estaba con é l. Fue el hijo menor de Jesé. Estaba cuidando las ovejas, cuando llegó Samuel a ungirle por rey. David era buen pastor, conocía y amaba a sus ovejas, y no corría atemorizado cuando un león o un oso aparecían rugiendo. David era valiente. No temía a los enemigos de Dios y de su pueblo. Cuando fue a ver a sus hermanos mayores que estaban en el campamento, se enteró de que un filisteo, el gigante Goliat, se burlaba de los israelitas de su Dios. Ningún israelita se atrevía a luchar con Goliat. David decidió entonces enfrentar al filisteo para liberar a su pueblo. Y lo hizo con una honda y 5 piedritas, según le indicó el Señor. Goliat se burló de él cuando lo vio llegar. Pero David no se atemorizó, atacó a Goliat con su honda y lo derribó, clavándole una piedra en la frente. La historia de David podría parecer bastante insólita. Usar su honda y una piedra y con ellas vencer a un guerrero gigante... Pero David venció a Goliat no por su osadía ni por su honda, sino porque tenía su confianza puesta en el nombre del Señor. Más tarde, Jesús explicaría que lo que era imposible para el hombre, era posible para Dios. Hoy, la Santísima Virgen María quiere renovar a la Iglesia y cuenta para ello con nosotros.

Y es que cada uno de nosotros es un profeta. Cada uno de nosotros es importante en el plan de la salvación que Dios está realizando a través de Su Madre Santísima. Pero recordemos que el profeta deja de ser importante cuando desobedece. La Virgen María se aparece todos los días en Medjugorje desde el 25 de junio de 1981.

Ella viene como la Reina de la Paz a decirnos que Dios está vivo y quiere que todos Sus hijos se salven. Durante los primeros días nadie creía, ni siquiera los frailes franciscanos a cargo de la parroquia. Pero la Virgen buscó a unos niños, uno de ellos apenas tenía 10 años. Ella los llamó: “ Queridos hijos” y cada uno de nosotros somos también un hijo, una hija querida de María que quiere conducirnos de regreso a Dios. Ella nos pide que permitamos a Dios que toque nuestro corazón, que nos cambie. María nos pide que no tengamos miedo, Ella nos ama a cada uno y todos somos importantes.

Sin nosotros, María no puede hacer nada. Nos pide que llevemos a todos el mensaje de paz y de oración que liberará a todos los hijos de Dios. Y para que esto se realice, Ella nos da cinco piedritas. Así como David que venció a Goliat con su honda y 5 piedritas, también nosotros debemos vencer a nuestro propio goliat: nuestro egoísmo, nuestra soberbia, nuestra envidia... en fin, todo lo que nos aparta de Dios.

Para ello nos ofrece 5 piedritas: la oración con el corazón, el ayuno, la penitencia, la Eucaristía y la Biblia. Y la honda es nuestra fe, la cual debemos hacer crecer cada día. Fe y confianza en el Señor, como David.

 
 
 

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