Tema 6
Historia de Israel

Introducción

La Biblia nació en el pueblo del Medio Oriente que vivía cerca del Mar Mediterráneo. En el tiempo de Abraham ese lugar se llamaba la tierra de Canaán, por causa de los cananeos que ya vivían en aquella tierra. En el tiempo de la formación del Pueblo de Dios se llamó la tierra de Israel. Más tarde, toda esa región recibió el nombre de Palestina.

Palestina era un famoso camino de viajes, desde el Oriente hasta el Occidente, juntando Asia con África y Europa. Fue ahí donde Dios se reveló y guió a su pueblo. Este pueblo, como tantos otros, sufrió durante la historia la influencia de sus vecinos. Del lado del Oriente: Asiria, Babilonia y Persia. Del lado del Occidente: Egipto, Grecia y Roma. Hoy, Palestina ocupa una área de aproximadamente 25 mil km2.

Al pasar el tiempo, ese pueblo comenzó a organizarse, creando también su propia literatura, por medio de la cual relata sus reflexiones, costumbres, luchas, su fe y oraciones, sus errores y aspectos positivos. Toda su literatura es inspirada en la fe en Dios Yahvé, presente en todos los momentos del pueblo de Dios.

Las migraciones

Alrededor del año 2000 a.C. acontece una gran migración de los pobres, desde Mesopotamia (hoy Iraq) en dirección a Egipto. Entre esos empobrecidos están Abraham y Sara. Con Abraham y Sara comienza la historia del Pueblo de Dios. Abraham y Sara salen de Mesopotamia en búsqueda de una nueva tierra.

Guiados por la fe y por la esperanza salen con su familia y van hasta Egipto, luego retornan para vivir en la tierra de Canaán. Esto acontece alrededor del año 1850 a.C. (Gn 12). En Canaán les nacen los hijos y nietos. La familia se multiplica, se une a otros grupos de empobrecidos, de manera que forman clanes y tribus (Gn 25). Son llamados Hebreos y descienden de Abraham.

Abraham, Isaac (hijo de Abraham) y Jacob (hijo de Isaac) son llamados Patriarcas. Sara, Rebeca, Lía y Raquel son llamadas Matriarcas. Todos ellos son los fundadores del Pueblo de Dios (Gn 29). Son llamados Patriarcas y Matriarcas porque fueron nuestros padres y nuestras madres en el caminar de la fe como Pueblo de Dios. Ellos condujeron a una vida de fe a una comunidad peregrina como la de Israel.

Su actividad básica era pastoreo de rebaños de ovejas. Como no eran dueños de la tierra, tenían que movilizarse en busca de pasto. En su peregrinar muchas veces tenían conflictos con otras tribus seminómadas y con habitantes de la ciudad, quienes veían en estos pastores gente que atentaba contra sus tierras y cultivos.

Experimentan al Dios de la promesa que les dice: “Ve a la tierra que yo te indicaré... Yo haré de ti un gran pueblo” (Gn 12,12). Sienten que Dios camina con ellos. Cuando plantaban sus carpas allí estaba Dios y cuando iban de viaje también Dios viajaba con ellos.
El sueño que movió la vida de los antepasados de Israel fue la búsqueda de tierra para vivir y trabajar. Por eso la promesa de tierra era la mejor oferta que se les podía hacer a estos pueblos.

El registro de todos esos acontecimientos se encuentra en Génesis 12-50.

Esclavitud en Egipto

En la búsqueda de mejores condiciones de vida, mucha gente se muda para Egipto, donde la tierra es más fértil. Eso acontece alrededor del año 1650 a.C. Entre esas personas están Jacob y su familia. En Egipto son llamados Hebreos (Gn 42).

Egipto era un pueblo poderoso, establecido en las fértiles orillas del río Nilo. El modo de organización social en este periodo se parece a una pirámide: en la base se encuentran los trabajadores de la construcción y agricultores que tenían que pagar los tributos en trigo o animales; en la mitad de la pirámide estaban los administradores del faraón que cobraban los tributos, el ejército que era encargado de hacer la guerra a otros pueblos y los sacerdotes del faraón que se encargaban de decir al pueblo que la voluntad del faraón era la voluntad de Dios; en la cumbre de la pirámide se encontraba el faraón con todo su poderío. La característica básica de los antepasados de Israel era realizar trabajos forzados en las construcciones faraónicas o en los campos.

Pasando el tiempo, el pueblo de Israel va multiplicándose en Egipto. Los faraones, por causa del temor de que los hebreos dominen el país, comienzan a esclavizarlos (Ex 1 y 2). Esta esclavitud en Egipto dura unos 400 años.
Los textos que hablan de esa época los encontramos al final del Génesis y comienzos del Éxodo.

Liberación y llegada a la tierra prometida

Al pasar el tiempo, nace entre ellos la conciencia de la esclavitud y comienzan a organizarse. Rápidamente surge en medio del pueblo oprimido un líder que encabeza un movimiento de liberación. Este líder es Moisés con apoyo de Aarón y Miriam. Con la ayuda de Dios, estos líderes encuentran una salida y hacen que el pueblo escape de la opresión del faraón (Ex 3). El pueblo camina por el desierto durante 40 años para llegar a Canaán. Moisés muere antes de que el pueblo entre en la tierra prometida. En su lugar, como líder, queda Josué que lleva el pueblo a la tierra de Canaán (Jos 1-3).

El grupo, organizado por Moisés, se encuentra con otros grupos, que también hicieron una experiencia semejante: el grupo de las montañas, el grupo de los pastores, el grupo de Sinaí y probablemente otros, como el grupo de David. Con toda esta gente y en nombre de Yahvé, hacen una alianza de fidelidad: “ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios”. Para que las cosas marchen bien, poco a poco se van formando los Diez Mandamientos, para creer y obedecer a un único Señor, quien los liberó de la esclavitud. Más tarde, esa experiencia de liberación será celebrada con el nombre de Pascua (salida).

Los libros que nos hablan de este periodo son el Éxodo, Números y Deuteronomio.

Las Tribus

Con ese pueblo Josué organiza la asamblea en Siquem. Ahí, todos deciden exponer en comunidad reunida la experiencia de la opresión, las tradiciones y la fe en único Dios (Jos 24). Después de la muerte de Josué, el pueblo, organizado en 12 tribus, es liderado por los Jueces,
mujeres y hombres,jefes sabios y valientes, que defienden al pueblo dentro de un sistema fraterno e igualitario: el Sistema Tribal. El último de los jueces es Samuel.

Las características de esta época no son solo de lucha y defensa de la tierra que nos narran en los libros de Josué y de Jueces. Es, sobre todo, un intento de organización nueva, de alianza entre iguales. Esto supone: (1) vivir sin rey o faraón, o sea, sin pagar el tributo; (2) vivir en familia y en reunión de familias; (3) con tierra para todos, sabiendo que solo Dios es dueño de ella; (4) sin tener un ejército regular, sino ocasional, o sea, luego de las guerras todo el mundo volvía a sus actividades agrícolas.

Este estilo de organización fue decayendo con el tiempo por causa de la corrupción interna de los jueces, acumulación de riqueza por parte de unos pocos, y la amenaza constante de los filisteos.

Los libros que nos hablan de esta época son: Josué y Jueces.

Los primeros reyes

Para ser más fuerte contra los ataques de sus enemigos, principalmente filisteos, el pueblo desea tener un rey, así como lo tienen otros pueblos vecinos. Entonces, el pueblo pide a Samuel que le dé un rey (1Sm 8,1-22). Samuel alerta al pueblo sobre los peligros de la monarquía, sin embargo el pueblo insiste.

El primer rey de Israel es Saúl. Su gobierno es muy breve, podemos decir que de transición (1Sm 10 y 11). El segundo rey es David. Es considerado como el rey más importante que el pueblo de Dios tuvo en toda su historia. La Biblia dice que él gobernó según el corazón de Dios, sin embargo cae también en el pecado (2Sm 5,1-4 y 12,1-13). David vence a todos los pueblos vecinos, une el pueblo y aumenta su reino. Escoge a Jerusalén como capital.

El tercer rey es Salomón (970-931 a.C), el hijo de David. Él construye el palacio y el templo. Durante el reinado de Salomón surgen los primeros escritos de la Biblia. Antes, las historias del pueblo fueron transmitidas de boca en boca, de padre a hijo. Salomón es un rey sabio pero también prepotente y orgulloso. Su gobierno estuvo marcado por la explotación de los campesinos, cobro de impuestos, centralización del poder en el templo y en la corte. En consecuencia, contrae muchas deudas a costa del pueblo. Para sustentar su trono hace alianza con los reyes vecinos y se casa con muchas mujeres extranjeras. Así, comenzó a introducir en Israel la idolatría (1Re 11,1-12) y el Sistema Tributario (1Re 5,1). Este estilo de gobierno llevó a la ruptura la unidad del reino.

Después de la muerte de Salomón, alrededor de 931 a.C., hay muchas peleas en el ámbito político. El reino de Israel acaba dividido en dos: (1) el Norte, que no quiere aceptar al hijo de Salomón como rey. Queda con el nombre de Reino del Norte o Israel; (2) el Sur, que queda fiel a la familia de David. Este reino se llama, Reino del Sur o Judá (1Re 12,12-24).

El reino del Norte (Israel) se desarrolló rápidamente. Es formado por los diez tribus que se apegan más a las tradiciones de Moisés. El primer rey del Norte es Jeroboam (1Re 11,26-40). El reino del Sur (Judá) es construido por las tribus de Benjamín y Judá, de ahí viene su nombre. El reino del Sur se apega más a las tradiciones de David.

Los libros que nos hablan de esta época son: 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas y varios libros proféticos.

Las dominaciones extranjeras

Los grandes imperios de aquel tiempo no dejan al Pueblo de Dios en paz. Primeramente caerá el reino del Norte. Sus reyes explotaban al pueblo. Hacían alianzas con otros reyes y les pagaban tributos. Luego, construían santuarios para las divinidades (baales) y ponían becerros de oro, símbolos de fuerza, como representación de Yahvé, Dios. Así, los reyes de Israel llevan el pueblo al pecado de la idolatría y quiebran la Alianza con Yahvé. Por eso se levantan los profetas para denunciar las injusticias e idolatrías: Elías, Eliseo, Amós, Oseas, etc. Alrededor del año 722 / 721 a.C. Asiria, queriendo expandir su imperio y castigar a Israel, que no quería pagarle más los impuestos, invade al reino del Norte y toma posesión de aquella región. La clase alta es deportada para Asiria. Israel desaparece, volviéndose provincia de Asiria (1Re 17,7-18). Algunos consiguen huir al Sur, llevando consigo los “escritos” que ya poseían.

El reino del Sur, que pretende quedar fiel a David, también comete muchos pecados. A pesar de las intervenciones de profetas como Isaías, Miqueas, Jeremías, Habacúc, Sofonías, los reyes de Judá quiebran la Alianza con Dios, introduciendo la idolatría y desobedeciendo los Mandamientos (2Re 21,10-16). Más o menos 150 años después de la destrucción de Israel, el imperio de Babilonia vence a Asiria y comienza a ejercer su dominio sobre Judá, poniendo fin a su existencia. Babilonia invade a Jerusalén, destruye el templo y la ciudad (2Re 25,8-12). Los babilonios llevan buena parte de la población de Judá a Babilonia, principalmente a los dirigentes, donde permanecen unos 50 años (587-538 a.C.). Es el tiempo del exilio.

La vida en el exilio fue muy dura: la gente había perdido a su rey, su tierra, el templo, todas sus seguridades. Muchos, ante estas pruebas, perdieron su fe. Sin embargo, un grupo pequeño conservó la fe y la esperanza. Es el resto de Israel, como lo había anunciado el profeta Sofonías.
Sin embargo, como todos los imperios tienen que caer algún día, Babilonia también es vencida. El nuevo imperio que surge es Persia. Ciro, el rey de los persas, deja al pueblo judío volver a su tierra, pero lo mantiene bajo su domino político. Es el tiempo cuando se reconstruye el templo de Jerusalén y empieza a formarse el judaísmo como religión. El profetismo en esa época comenzó a desaparecer.

En 333 a.C. toda Palestina es conquistada por el general griego, Alejandro Magno, el rey de los macedonios. Con la muerte de Alejandro, sus tres generales dividen entre sí el gran imperio griego. El dominio de los griegos prácticamente llega hasta el año 63 a.C., cuando Pompeyo, el general del ejercito romano, invade a Palestina y la reduce a una provincia romana.

Entre los años 177 a 163 a.C. los judíos pasan por un periodo muy difícil. La dominación del imperio griego es muy fuerte, así que surge la revuelta de los Macabeos en contra de la invasión cultural y religiosa de los griegos. El protagonista de esta historia es toda la familia de los Macabeos que enfrentó con valentía al rey Antíoco IV.

Este tiempo se caracterizó por la penetración de la cultura griega deteriorando los valores tradicionales judíos. Era, como decir, que sus costumbres y Dios no valían, y que la verdadera religión y las buenas costumbres venían de Grecia. El pueblo, cansado de la opresión griega, encabezó la resistencia. Los primeros en levantarse fueron los Macabeos. Poco a poco se fueron uniendo otros grupos de gente valiente y piadosa. La experiencia de Dios se centró en la defensa de su fe y símbolos culturales: el templo, la ley y la circuncisión.

En esta época de la dominación surge muy fuerte la idea y esperanza de un Mesías, un nuevo David, que salvará a su pueblo.

Los textos que recuerdan toda esa historia son: varios libros Proféticos, Lamentaciones, Esdras y Nehemías, 1 y 2 Macabeos. Los libros que fueron escritos desde el tiempo de Salomón, hasta ese momento de la historia (aproximadamente 50 a.C.) forman el Antiguo Testamento.

Dialoguemos en grupos:

  1. ¿Dónde se revela Dios primero: en la historia de Israel o en las Escrituras? ¿Por qué?
  2. ¿Cómo ha venido Dios revelándose a lo largo de la historia del pueblo de Israel? ¿Cómo le respondió el pueblo?
  3. ¿Quién es un profeta y cuál es su misión?
 
 
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