Carta del Padre Jozo


Queridos compañeros de Oración:

Durante estos días, en los que la humanidad vive un ambiente de miedo, inseguridad y Guerra, nosotros vivimos un ambiente de oración para preparar mejor nuestro corazón para nuestro encuentro con el Señor Resucitado. Con su Resurreccióm, Jesús da testimonio de la Victoria de amor sobre el odio, del bien sobre el mal y de la paz sobre la guerra. Después de la Resurrección, Jesús invita a sus asustados amigos a mirar sus llagas, para que viéndolas sean sanados. Cuando se contempla en fe las llagas del Señor, el corazón es sanado de toda incredulidad, duda e inseguridad.

Queridos amigos, en este tiempo santo de encuentro con Jesús ­ de encuentro con la vida, la inmortalidad y la primavera eternal, en otra parte del mundo rugen los tanques y los misiles ­ arden las piedras, la madera y las personas y la creación está siendo destruída. La devastación sobre la faz de la tierra impone pensamientos de desesperanza y causa experiencias traumáticas. Estamos llamados a elegir entre la vida y la muerte. La Iglesia, con Juan Pablo II a la cabeza, junto con la Reina de la paz, nos invita a orar con una confianza total a fin de encontrar la fuente de la paz y la alegría ­ porque por sobre todas las cosas, nuestro corazón busca la paz y el gozo. Por eso Jesús hace posible este encuentro de gracia, de paz y de gozo pascual Esta experiencia con El es la fuente de la paz. El atravisa las puertas cerradas de nuestras limitaciones y se revela a los ojos de nuestros miedos y nuestras guerras, de nuestra impotencia y nuestras limitaciones y se revela a los ojos de nuestra fe.

En este tiempo santo, tal como María Magdalena, nos volvemos a la Cruz y al sepulcro y buscamos al Amor que ha sido contenido. Oramos por ustedes y con ustedes mientras reflexionamos en el mensaje más reciente de la Reina de la Paz. Ella nos llama insistentemente a orar y ayunar por nuestra paz ­ la cual debe ser nutrida y cuidada como una flor. Es importante orar por la paz, especialmente cuando la guerra, como un volcán en erupción, sepulta todo lo que es bueno y noble. Es imporatante persevear en la esperanza de que Dios ama al hombre y desea que todos se salven.

Amadísima familia de oración. Si nuestro compromiso alguna vez ha enfrentado un desafío, es justamente en este tiempo. Vivir los mensajes de la Virgen en nuestro medio es la nueva semilla que producirá el fruto tan necesario. Perseveren en la oración. Perseveren orando juntos y en el apostolado de la oración. Este es el año del Rosario. Hagan algo para que aquellos que nunca han orado y los que han olvidado cómo orar, se pongan a orar. Este es el año de la Biblia ­ la Palabra de Dios. Desde el principio, la Virgen nos exhorta a leer la Palabra de Dios, a reflexionar en ella y hacerla vida. Hagan un altar para su Biblia familiar en sus hogares, el cual será su Monte Sinaí, donde se reunirán para entonar cantos y orar, escuchando atentamente y con fe la Palabra de Dios. En un tiempo en el que la paz y el órden mundial se tambalean ­ cuando incluso quienes detentan el poder no tienen soluciones concretas, ni respuestas a este caos ­ con el Rosario en las manos, sean ustedes OEsal de la tierra y luz del mundo¹.

Después de diez años de apostolado perseverante ­ diez años de fidelidad a la Madre y a la Iglesia ­ éste es nuestro llamado y nuestra misión. Junto con sus familias y comunidades, decidámonos a ³hacer todo lo que El nos pida.² En este tiempo de desesperanza, demos testimonio de la esperanza que nosotros hemos recibido. Con nuestra oración y nuestro amor visitemos a los que están desesperados y no creen; visitemos a todos los que han sido vencidos por el odio y el mal. Ayudémosles a darese cuenta que por medio de las apariciones de Nuestra Señora, Dios desea salvarnos a cada uno. Abrámonos a la Voluntad de Dios tal como la tierra se abre al sol. Oremos para que la paz en nuestros corazones pueda dar una cosecha abundante y que en esta Pascua seamos capaces de dar esa paz como un don a los demás.

Queridos amigos en la oración, continúen orando por la intenciones de la Madre y de la Iglesia. No se cansen en la vigilia del sacrificio, el ayuno y el amor porque OEla mies es mucha y los trabajadores pocos¹ (Lucas 10,2).

Que Jesús resucitado lleve luz a sus almas, paz a sus vidas y amor en cada uno de sus encuentros.
Deseándoles de todo corazón una Pascua llena de felicidad y bendiciones,

Fr. Jozo Zovko O.F.M.
10.04.2003 Siroki Brijej

 
 
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